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Carmen Leo

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Poesía

De niña escribía poemas, y nunca he dejado de hacerlo. Aquí cada poema tiene su propia forma sobre la página.

Nuestro mundo

Construimos una montaña. Queríamos volar alto. Sentirnos como las aves. El mundo, a vista de pájaro. Pusimos cimientos firmes, dañinos como el amianto. Y piedra a piedra, norma a norma, la acabamos levantando. Ahora toca subir, pero no tiene peldaños, tan solo un puente de plata para unos privilegiados. Los demás, el pueblo llano, se enfrentan a la escalada usando solo sus manos y una mochila cargada de sueños y desencantos. Todos quieren ver el mundo, todos quieren llegar alto. Mas qué agotador resulta. ¡Qué duro! ¡Cuánto trabajo! ¡Ay de mí!, dicen algunos. No merezco sufrir tanto, tan solo deseo vivir. Y continúan escalando. Esa montaña es el mundo, la sociedad que creamos. Tan grande, tan gigantesca, que el horizonte ha tapado y tan solo vemos piedras, normas, leyes y trabajo. ¿Y si nos damos la vuelta? ¿Si vivimos caminando? El mundo está detrás nuestra. La montaña es un engaño.

Siete días de acuarela

Lunes destila aroma a colada, olor blanco. Expuesta sobre su cama la ropa limpia, suaviza los recuerdos de días que pasaron.

Martes amarillo refrescante de la piña. Su jugo del letargo a los sentidos rescata, alimenta, nutre y renueva de energía.

Miércoles camina sobre tacones naranjas. Pasos firmes y seguros acompañan sus pies. El ritmo vibrante y atrevido de la samba.

Jueves se enciende el plateado de la olla exprés. Los planes se cocinan en un fuego de ganas, fundiéndose en el rojo desgastado del estrés.

Viernes son nubes cubiertas de un místico malva. Vidrio de ojos amatistas, ansiosos de encontrar lugares nuevos y rostros cargados de magia.

Sábado caricia verde turquesa de la mar, meciendo cafés bajo el sol, encuentros dichosos. Destinos con olor a hierba fresca, cielo y paz.

Domingo tiene el cabello gris de un perezoso. Sonríe acurrucado, negándose a caminar. Sabe que el mañana es otro lunes de olor blanco.

Valientes

La noche cae. Consigo trae la penumbra, los vacíos, el silencio. Y en las desérticas calles resuena haciéndose eco el vaivén de tus tacones. Mujer. Consecuencia inevitable de tu propio nacimiento, caminas con valentía, ejerciendo tu derecho en libertad. Exponiéndote a las bestias que te reducen a un cuerpo y anteponen al respeto lo que hay entre sus piernas. Continúa caminando. Que la sombra de unos cuantos no te arruguen. Que se exhiba tu belleza. La que vive tras tu rostro. Hija, tía, hermana, abuela. Tú, que pares a los cobardes que se agrupan en manadas para reducir con puños tu valor. No permitas que te frenen. No te encojas. Pues esta vida sin ti no halla cómo sostenerse. Y en las noches solitarias… Que se escuchen tus tacones repicar como campanas.

Escala de espaguetis con coquinas

La pasta es un do menor. Parece lo más sencillo, pero es falso. No has de caer en error. Aciertas con el tonillo, o fracaso.

Re para el agua es la sal. Si te olvidas de ponerla, tú lo notas. No es un sonido especial. Solo tienes que mecerla. No te agotas.

Mi ya empieza a tener brillo. Es el aceite que viertes para templar. Empieza a coger gustillo. Todavía no te diviertes. ¡A cocinar!

Fa perejil podría ser. Aporta un poco de color. Para gustos… Llega el momento de ascender. Ahora subes el vigor, a lo justo.

Sol el vino que derramas, si apuestas por el sabor. Ten mesura. Ya están ardiendo las llamas. El fin es prometedor. Asegura.

El ajo nos deja en La. La intensidad va en aumento, coge fuerza. Tan solo falta dorarla, recoge bien el aliento. Que no tuerza.

Las coquinas dan el sí. Cuidado con los falsetes. La voz limpia. Pon tu corazón aquí. Déjala salir, no aprietes. Para arriba.

Do mayor es la explosión, degustar el plato en boca, disfrutarlo, llena de satisfacción. Porque ahora lo que toca es probarlo.